lunes, 25 de octubre de 2010

El despegue

Todas las encuestas publicadas en los medios de comunicación ofrecen el mismo resultado, derrota socialista y victoria del partido popular con una distancia que se incrementa a medida que España profundiza en su crisis económica y en políticas erráticas en todos los ámbitos de la sociedad.

La corriente y el sentimiento generalizado de que la victoria popular va a producirse es imparable y ya ni los votantes socialistas creen ni probablemente desean la renovación de la confianza depositada en la actualidad en Rodriguez Zapatero. Todos los sondeos señalan que las bases socialistas no quieren que Zapatero se presente y si lo hiciese apenas nadie confía en la victoria salvo el propio Presidente y parte de su aduladora cuadrilla. Las voces discrepantes surgen del interior del Psoe como por ejemplo desde Castila La Mancha donde su presidente autonómico reniega públicamente de una visita zapateril y augura una catástrofe electoral. Otros, más discretos, se postulan como posibles sucesores, es el caso de Carmen Chacón o de Pérez Rubalcaba, aunque lo hagan de forma indirecta y solapada.

El cambio de tendencia se manifiesta además en que los sondeos auguran una victoria popular por trasvase de votos entre el PSOE y el PP y no sólo por la bajada de votos socialistas si no por el incremento claro de los votos populares que podrían superar el techo logrado en la mayoría absoluta de Aznar en votos y en porcentaje. La derrota socialista podría suponer la caída de votos hasta un porcentaje inferior al logrado por el líder efímero que fué Joaquín Almunia y convertir al PSOE en una fuerza política de segundo nivel a nivel internacional.

Creo que Zapatero concurrirá a las elecciones como cabeza de cartel y no solo por la obligación moral de hacerlo y asumir el resultado político de su gestión, sino por la seguridad y el convencimiento de que los ciudadanos le volverán a votar frente a la malvada derecha. Se estrellará previsiblemente y arrastrará con ello al PSOE a una travesía del desierto que le obligará a renovarse completamente y a introducir caras nuevas no provenientes de la época de Felipe Gonzalez, el GAL, la corrupción generalizada y el latrocinio.

En fin, parece que el despegue electoral popular ha comenzado, que ni siquiera un seguro e inminente comunicado de ETA podrá detener la sangría de votos socialista, ya que ETA no va a dar votos estando el país como está y habiendo colocado al terrorismo en un quinto lugar de las preocupaciones ciudadanas. El PP debe administrar esta ventaja para no caer en el triunfalismo que le relaje y debe transmitir confianza desde ya a los ciudadanos comportandose como partido de gobierno y no de oposición. Parece que esta vez lo han entendido.

El tiempo me dará o me quitará la razón y en pocos meses veremos si acierto en mis pronósticos, mientras tanto sigamos contemplando y analizando encuestas electorales.

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